Descubrí las MMA, desde el primer momento, se convirtieron en mi obsesión. Entrenar dejó de ser un hobby y pasó a ser mi prioridad; fue el deporte que me enseñó que la disciplina, la constancia y una obsesión bien enfocada son las que construyen a los número uno.
Poco después llegó la pandemia y, aunque en algunos momentos se podía salir, mi papá no me permitía entrenar, lo que generó en mí una frustración profunda. Esa etapa me marcó porque entendí algo clave: si quería tener el control real de mi vida y decidir qué hacer, cuándo hacerlo y hasta dónde llegar, necesitaba independencia, y la independencia necesita DINERO. Fue ahí donde comprendí que el dinero no era solo un objetivo, sino la herramienta que me daría libertad.